Fogata Digital: Mis Destellos
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jueves, 7 de marzo de 2013

Realizarán en PUCMM Charla Magistral: “¡Lo nuevo es lo verde!”



 
Santo Domingo, R.D.- Los estudiantes del octavo semestre de Administración Hotelera, Mención Mercadeo, de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), realizarán una Charla Magistral, la cual llevará por nombre “¡Lo nuevo es lo verde! Una alterntiva para el desarrollo del Turismo Sostenible en la República Dominicana”.

Los estudiantes de Administración Hotelera seleccionaron este tema, con la finalidad de que todos los dominicanos tomen conciencia y se involucren a proteger el medio ambiente. El país cuenta con un gran potencial turístico y debe ser desarrollado de forma sostenible, cuidando los recursos naturales con los que contamos. “Somos los pioneros en realizar charlas en torno a este tema tan trascendental por tanto, nos interesa que el país pueda desarrollarse de manera sostenible, pues esto traería grandes beneficios desde económicos hasta sociales”, expresaron los estudiantes organizadores de la Charla Magistral.

La Charla Magistral estará a cargo del Asesor en Ecoturismo del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARENA), Harold Yun, con su tema “Desarrollo Turístico y Estilo de Vida de acuerdo al paradigma del crecimiento Eco turístico de la República Dominicana, estilos de vida y como crear un mejor país para visitar”. 

La actividad se llevará a cabo este Jueves 07 de Marzo. El registro iniciará a las dos treinta de la tarde hasta las cinco de la tarde, en el Auditorio 1 del Campus Santo Tomás de Aquino. El evento contará con el apoyo del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARENA).

sábado, 16 de enero de 2010

República Dominicana, el camino de la Solidaridad / Haití: Responsabilidad Internacional

Por Nellys del Orbe

La República de Haití, ubicada en la parte occidental de la isla compartida con la República Dominicana, en las Antillas Mayores, históricamente ha vivido un ambiente de inestabilidad política, económica y social, agravada por los constantes fenómenos atmosféricos que afectan la zona del Caribe, y el desastre más reciente ocurrido este 12 de enero del 2010, el sismo de 7.3 grados en la escala de Reichter en que murió una cantidad aún incalculable de personas.


Todo el tiempo, pero con una manifestación más palpable, más concreta, desde las primeras horas después de conocidos los daños causados en aquel fatídico martes 12, la solidaridad ha adoptado un nuevo sinónimo, República Dominicana. Y no lo digo porque sea parte de este lado oriental de la isla (Santo Domingo), sino porque los hechos, y más concretamente el pasado terremoto, así lo han demostrado.


A partir del miércoles 13, todas las instituciones del gobierno dominicano (el gobierno en pleno), en la práctica se ha mudado a Haití a trabajar tratando de palear un poco la situación de desgracia que están viviendo los haitianos; asimismo, el sector privado dominicano, las ONGs, las iglesias dominicanas… los medios de comunicación radial, televisivo, escrito, Internet… no han descansado, constituidos en mecanismos de recolección de ayudas para el hermano país.


La vida cotidiana de los dominicanos se ha transformado en estos días, es como si la desgracia esta vez no hubiera tocado las puertas de nuestros vecinos, sino la nuestra; aunque nos toca bastante cerca el drama que día a día viven los haitianos, no sólo por esta tragedia.


Aunque particularmente me desagrada sobremanera el hecho de andar haciendo publicidad a los gobiernos, y mucho menos al sector privado y algunas “ONGs” (no porque tenga nada en contra, sino porque ello se ha convertido en todo un negocio en el país), es preciso dar la cara en este momento, “por la República Dominicana, por nuestras instituciones públicas y privadas, por los dominicanos”, y decir a la comunidad internacional qué ha hecho y está haciendo este territorio por Haití.


El Gobierno, los partidos de oposición, tanto del sistema como de izquierda, las iglesias en sus diversas versiones, el empresariado dominicano, las ONGs, los medios de comunicación…, en otras palabras, todos los dominicanos nos hemos unido (sin ver por primera vez en mi vida el antagonismo y deseo de protagonismo) en un único objetivo: ayudar a Haití, y lo hemos hecho nuestra prioridad, dejando a un lado los graves problemas que afectan a un país pobre como República Dominicana, pero que ahora nos parecen insignificantes si los comparamos con la pesadilla de nuestros vecinos.


El presidente de la República, doctor Leonel Fernández, es el primer mandatario del mundo en llegar hasta Haití a expresar la solidaridad y ofrecer personalmente la ayuda moral y material del pueblo dominicano. Muchas veces, y en situaciones como éstas, el calor humano tiene más valor que toda la ayuda material del mundo.


Desde el día 13, la Secretaría de Estado de Salud Pública de la República Dominicana, con su Secretario al frente, y con decenas de ambulancias y helicópteros, ha estado presente en Haití dando asistencia médica a personas heridas, y trasladando hasta nuestro territorio los que requieren internamiento e intervención quirúrgica; por ende, los hospitales y clínicas privadas de las Zonas Fronterizas con Jimaní y Pedernales están abarrotados, y siendo trasladados a centros públicos y privados, ya no de Santo Domingo y Santiago, como al principio, sino de todo el país, corriendo el riesgo de que el sistema nacional de salud colapse, porque como país pequeño y pobre nuestra logística no está preparada para una tragedia de esa magnitud.


Los Comedores Económicos de la República Dominicana están en Haití, con cocinas ambulantes que preparan y reparten cien mil raciones diario de comida, a través del Plan Social de la Presidencia, que dicho sea de paso hasta el viernes eran los únicos vehículos que se veían en Haití en esas labores.


La Cruz Roja Dominicana y la Defensa Civil Dominicana, con cientos de sus miembros, han estado en primera línea desde que ocurrió la tragedia en Haití, rescatandopersonas vivas debajo de los escombros y cientos de cadáveres.


El Estado Mayor de las Fuerzas Armadas Dominicanas (Ejército Nacional, Fuerza Aérea y Marina de Guerra) desde el principio dijeron presente en Haití, en persona y enviando desde las primeras horas de la tragedia dos aviones caza.


El país puso a disposición de la comunidad internacional la infraestructura de varios aeropuertos y puertos dominicanos para que sirva de puente receptor para las ayudas humanitarias, y ha dado facilidades para evacuar, a través de las fronteras y nuestro espacio aéreo, a los extranjeros de diversas nacionalidades que se encuentran o encontraban en Haití en este momento.


La Secretaría de Estado de Obras Públicas y Comunicaciones, la Oficina de Ingenieros Supervisores de Obras del Estado, la Secretaría de Estado de Cultura, el Instituto Dominicano de Crédito Cooperativo… son sólo algunas de las instituciones que ahora me llegan al pensamiento, que han estado trabajando desde aquel día, en Haití, en la frontera y de este lado, recolectando aquí y trasladando hacia allá: agua, comida enlatada, medicamentos, frazadas y otras cosas.


El Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones, con decenas de técnicos de las subsidiarias dominicanas Tricom, Codetel, Orange, Viva, hicieron un gran trabajo para el restablecimiento de la comunicación telefónica y el Internet en Haití; los teléfonos satelitales utilizados por los organismos internacionales como la ONU y países que se han sumado al trabajo en Haití fueron facilitados por estas subsidiarias, y siguen trabajando incansablemente.


Todo eso implica la liberación y gasto de cientos de millones de pesos por parte del Estado dominicano; ya el gobierno desembolsó 231 millones a través de varias instituciones; el Consejo Nacional de Seguridad Social aportó 180 millones para reforzar los hospitales; eso, aparte de las campañas que tienen todas las instituciones públicas buscando ayudas en efectivo y material. Los pocos ejemplos que hemos puesto, porque hay muchos más, es en lo concerniente al gobierno (tendríamos que escribir un libro para enumerar todo).


En lo concerniente a las instituciones privadas, empresariado dominicano y organizaciones de la sociedad civil y organismos populares, es la misma historia. Las empresas dominicanas, con su empleomanía, se ha volcado a buscar ayudas; y podemos ver en la televisión, en los periódicos, en el Internet, llamando a la ciudadanía a aportar dinero, en pesos y dólares, a tal punto que empresas abren cuentas en bancos y ofertan duplicar hasta un millón de dólares las contribuciones hechas.


Asimismo, las compañías telefónicas han creado líneas de llamadas, cuyos costos serán aportados a esta causa; además, supermercados hacen campañas ofreciendo un aporte por cada cien pesos consumidos en sus establecimientos; mientras que otros ofertan una caja conteniendo agua y productos enlatados por una cantidad de dinero, y una adicional por cada caja adquirida.


Las ONGs, organizaciones populares, partidos políticos, las iglesias, buscan dinero, agua, comida enlatada, frazadas, etc., todo esto para ser llevado a Haití. Las televisoras y radios hacen tele y radio maratón en la capital y principales ciudades, como San Francisco de Macorís, Santiago, La Vega, Dajabón, Valverde…, recolectando todo tipo de ayudas.


En la República Dominicana todo gira en este momento en torno al desastre ocurrido a nuestros vecinos y lo que podamos hacer por ellos; y eso dice mucho de un país pobre, cuya población, la mayor parte sobrevive buscándosela en la calle con trabajos informales y microempresas dedicadas a lo que menos un extranjero se pueda imaginar.


Y es tal nuestra solidaridad, ¡Y qué bueno que somos así los dominicanos! que nos olvidamos de nosotros mismos para apoyar a nuestros hermanos haitianos, a sabiendas de que estamos ubicados también en el trayecto de los huracanes y terremotos, en el mismo Caribe, que por nuestro territorio pasan varias fallas geológicas, y que en cualquier momento algo puede pasar (no lo quiera Dios), quedando los habitantes de esta parte oriental de la isla desprotegidos, porque como dije al principio, el gobierno dominicano y todas las instituciones privadas y civiles están en Haití, aunque las cadenas internacionales de comunicación sólo hablan de ayudas de los países ricos, ayudas que todavía no se ven lo suficiente.


Aunque parezca muy duro, hay cosas que deben decirse, aunque no les agrade a sectores de los dos lados y fuera de esta isla, que lo único que han hecho es beneficiarse de las desgracias que fenómenos naturales y políticos han llevado a Haití.


¿Qué más podemos hacer? Esta vez hemos hecho lo que está a nuestro alcance y más allá, y de acuerdo estamos todos los dominicanos en que debemos seguir manifestándonos, hasta nuestro límite. Todos los días República Dominicana es solidaria con Haití, tenemos en este territorio más de dos millones de haitianos ilegales que consumen parte de nuestro presupuesto en Salud y educación.


La situación haitiana es un problema de la comunidad internacional; no lo puede asumir sólo la República Dominicana. Aunque formamos parte de la misma isla, somos un Estado independiente, soberano, que debe velar por nuestras instituciones públicas y privadas, por nuestra población, que está de más decir, gran parte vive también en condiciones de pobreza.


La comunidad internacional debe asumir la reconstrucción de Haití, incluso con la intervención y administración del Estado, hasta que los haitianos tengan instituciones capaces de continuar solos; porque de lo contrario, esas ayudas millonarias que están siendo enviadas hacia allá corren el riesgo de quedarse en los bolsillos de la oligarquía que históricamente ha mantenido al pueblo haitiano en la pobreza extrema a costa de su enriquecimiento; deben crear los campamentos de damnificados en las zonas donde no afectó el terremoto, que fue solo Puerto Príncipe, porque de este lado de la frontera, como pretenden algunos de los sectores que se aprovechan de la calamidad de los haitianos, es inviable. Porque si eso sucede, seríamos dos países los que quedaríamos en la misma situación.


De más está decir que no somos xenófobos, no somos racistas, como nos acusan a nivel internacional; los dominicanos convivimos como buenos hermanos con los haitianos día a día sin ningún problema. Y para muestra, basta un botón: todos nos hemos unido en esta tragedia para dar lo que podemos. Desde el presidente de la República hasta el más humilde de los dominicanos; desde el cardenal católico y los dirigentes de las demás iglesias hasta el más obediente de los cristianos; desde el más célebre dirigente revolucionario dominicano conocido a nivel internacional, siempre al lado de las mejores causas, hasta los más rabiosos anticomunistas; desde personas tildadas de “nacionalistas trasnochados” por la constante defensa de nuestra soberanía, como Consuelo Despradel y el mejor legislador que tenemos en el país, Pelegrín Castillo, hasta algunos que le sirven de voceros a sectores que no tienen claro dónde están los intereses del país; todos, hombro con hombro, por una sola causa: HAITI.


Los dominicanos no nos merecemos la campaña de descrédito implementada por ONGs interesadas de nuestro país y fuera del país, eso es tan injusto como la misma injusticia que viven nuestros hermanos haitianos.


nellysdelorbe@yahoo.es


www.opiniondigital.com.do


miércoles, 3 de junio de 2009

Entre la Indiferencia Social y la Irresponsabilidad Estatal

Por: Nellys del Orbe

A diario los vemos, en los supermercados, centros comerciales, farmacias…, y más frecuentemente en las esquinas donde hay semáforos. Son jóvenes y adultos que, con camisetas puestas que llevan el nombre de Hogares Crea, venden fundas plásticas para basura.

Son personas, generalmente del sexo masculino y diversas edades, que tratan de obtener uno, cinco, veinte, treinta pesos; lo que sea, a modo de colaboración, si no puedes o no quieres adquirir lo que ofertan (que dicho sea de paso, normalmente cuesta centavos).

Esos pequeños recursos que obtienen es para poder subsistir en la casa que les ha abierto las puertas para poder rehabilitarse o curarse de ese mal que afecta a todos los estratos sociales por igual, las drogas.

Pero esa acción, además de tener un objetivo económico, forma parte de algunas de las actividades que deben realizar como terapia, porque les enseña, en cierto modo, a asumir responsabilidades frente a ellos mismos y a la sociedad.

Las personas que pasamos frente a ellos, muchas veces los miramos y no les vemos; otras veces los vemos y no los miramos. Esto ocurre por razones diferentes: Por la falta de seguridad ciudadana existente en nuestro país; Por apatía; Por indiferencia; Porque no nos ha tocado de forma personal o cercano, y lo vemos como algo ajeno a nosotros.

O simplemente, por el individualismo característico del sistema social, económico y político del que formamos parte, y que se ha apoderado de cada uno de nosotros, de lo que no hemos podido escapar ni los que supuestamente “pensábamos” o “pensamos” de manera “diferente”. Pero ese es tema de otro costal.

No es que los ciudadanos comunes tengamos que cargar con la irresponsabilidad de las autoridades frente a ese flagelo que está acorralando nuestra población, niños, jóvenes y adultos que caen rendidos a sus pies. No.

Y no, porque muchas veces somos las mismas personas las que pasamos cuatro y cinco veces por el mismo lugar donde están los miembros de la comunidad Hogares Crea, y resulta casi imposible poder colaborar cada vez, por lo menos de forma económica.

Pero sí podemos hacerlo moralmente; hablando con ellos; interesándonos en sus penurias; conociendo las causas y las consecuencias del problema; dándoles una palabra de ánimo; brindándoles una sonrisa; exigiendo a las autoridades asumir el rol que les corresponde frente a ese mal.

¿Hasta qué punto esa actividad que realizan ellos en las calles no se constituye en un caldo de cultivo para recaer en el vicio? Porque en esos mismos sitios aparecen muchos de los elementos que los llevaron a ese mundo.

¿Qué están haciendo las autoridades para prevenir, y para ayudar a los que están inmersos en la drogadicción, pero que quieren rehabilitarse? Al parecer nada. Nada de nada.

Leopoldo Díaz, Presidente de Hogar Crea Dominicano, dice que ha hecho todo tipo de propuestas a la Secretaría de Estado de Educación y otras entidades del Estado, para la prevención, pero que no ha recibido respuesta alguna.

Esa institución, Hogares Crea, tiene 43 centros abiertos en todo el país, con capacidad para albergar a mil doscientos personas; pero en la actualidad acogen algo más de mil seiscientos.

O sea, hay un déficit de un poco más de 400 personas que están durmiendo en colchones en el suelo, en dichos centros.

De esos 43 centros, sólo tres están dedicados a la rehabilitación del sexo femenino, a las mujeres.

Pero además, existe una demanda de 16 personas diario, que quieren rehabilitarse y a las que ellos no pueden dar hospedaje por falta de lugar donde ubicarlos y recursos económicos, incluso para la manutención de los que ya están.

Y es que Hogares Crea sólo cuenta con los recursos propios, que es mayormente la voluntad de ayudar, y pequeñas colaboraciones de familiares de los que se rehabilitan, y de personas individuales e instituciones caritativas.

Desde su fundación, el 15 de febrero de 1975, esta institución ha incursionado en los problemas vinculados al consumo de drogas, y en la Prevención, Asistencia e Investigación del problema, incorporando a la sociedad más de 24,000 personas, rehabilitados, con el esfuerzo propio, sin recursos. Y sigue trabajando con los que llegan y sus familiares.

Volvemos a cuestionar, ¿dónde está la responsabilidad del Estado frente a los innumerables problemas que agobian la población, y que sirven de aliciente para que cada día más dominicanos caigan en la drogadicción, en el alcoholismo y en otros vicios?

El Estado debe asumir su compromiso de rector de la sociedad, dando la mano a esta institución, para que pueda continuar con esta labor altruista que desde hace 33 años llevan a cabo un grupo de personas encabezadas por Leopoldo Díaz, a sabiendas de que, como dice Hogares Crea en uno de sus documentos: “Las drogas entorpecen el buen funcionamiento de la sociedad y por ello, la misma sociedad debe sentirse responsable de aportar las contribuciones necesarias, en medios materiales y servicios humanos, para lograr la recuperación de sus hijos.”

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lunes, 25 de mayo de 2009

¿Educar para ser ciudadanos o seres humanos?

Por: Nellys del Orbe

Tenía la intención de titular este artículo: "Educar para la ciudadanía", pero no; el título que debe llevar es "Educar para ser seres humanos". Y aunque aparentemente no tiene nada que ver el texto, al final se darán cuenta de por qué del nombre.

Esto así, porque la debilidad institucional que vive la República Dominicana se refleja y afecta todos los renglones de la cotidianidad de los dominicanos, como la salud, la educación, las entidades que tienen que ver con la aplicación de las leyes y de la justicia...; en fin, en los organismos del Estado en sentido general.

Esta debilidad institucional que perturba, inquieta, conmueve, entristece, perjudica y daña a todos los que creemos aún que este terruño debe retomar el sendero del orden, la seguridad y la armonía que se percibe en los lugares civilizados, se manifiesta con mayor crudeza cuando a diario tenemos que conducir por cualquier calle de nuestro país, pero principalmente por el Gran Santo Domingo.

Y es que no hay ejemplo más palpable de la falta de institucionalidad que el tránsito por dichas calles.

Porque no hay respeto por la ley 241 ni por ninguna otra, no sé si por desconocimiento, dejadez o tremendismo; o quizás por las tres cosas a la vez.

No es posible que en una vía de tres carriles, tú vayas por el carril de la derecha, y de repente aparece el chofer de guagua con un ayudante que, sacando la mano en señal de que va a pasar a como dé lugar, te tira la guagua encima para pararse delante de tí a recoger pasajeros.

Y viene la otra por el segundo carril y se pone paralela, en la misma función, ocasionando tremendo tapón; esto, sin tomar en cuenta que posiblemente el semáforo está en verde; y entre incomodamientos, unas veces, y malas palabras, otras, tienes que esperar a que a ellos les dé la gana de avanzar, para poder continuar la marcha.

O vienen los choferes de carro público o el taxista, en competencia, y casi te llevan un lado, para ir a coger 15 pesos, un pasajero, porque a los "pobres padres de familia" hay que permitirles todo, ya que andan buscando "el sustento de sus hijitos".

Y si vas a doblar a la derecha es que la cosa es grande. Porque ahí hay un conchero en la misma esquina, semáforo en verde, recogiendo y desmontando pasajeros.

Ante todos estos episodios, ¿y los miembros de la AMET, dónde están? Bien, gracias. Muchas veces parados en la esquina, hablando con los referidos infractores de la ley 241, y no precisamente llamándoles a la atención.

Otra cosa, ¿Qué hacen los policías de la Autoridad Metropolitana del Transporte debajo de un semáforo en funcionamiento, descontrolando el tránsito? Porque si no hay energía eléctrica, está bien que lo hagan; pero si el semáforo está funcionando, ¿por qué hay que mandar a pasar los vehículos cuando el semáforo está en rojo y pararlos cuando está en verde? Tremendo disparate. Eso solo se ve en esta media isla.

Esto sin referirnos a los días en que AMET está buscando contravenciones; porque dichas contravenciones no se las ponen a esos infractores; se las ponen a las personas que respetan la ley 241, ero que un día van a cruzar una esquina, y el semáforo les cambia con las ruedas encima de la línea blanca por donde debe pasarel transeúnte, y él prefiere no pasar el semáforo en rojo, y esperar.

Es urgente que todos los sectores del país, instituciones públicas, privadas, ONGs, a instancia del Estado, se aboquen a llevar a cabouna campaña de educación, para hacer mejores ciudadanos a los que tenemos conciencia de las batallas que debemos librar en la República Dominicana; y, con el perdón de los animales, enseñar a ser "seres humanos" a los miles de irracionales que día tras día nos encontramos transitar en cuatro ruedas por nuestras calles.

Esta educación, claro está, debe iniciar en la primera y más importante institución de la sociedad, la familia.